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La hormiga es uno de los insectos más conocidos y
admirados por su capacidad de organización y habilidad en la
construcción. Su origen se ubica al final de la época del Cretácico,
hace 146 millones de años. La formación de las
hormigas se desarrolla a través de la metamorfosis; pasan de ser
larvas, luego pupas y finalmente se convierten en hormigas
adultas. Cuando están en el estado de larva el resto de
hormigas se encargan de su cuidado y procuran que estén en las
condiciones óptimas para su buen desarrollo, adecuando lo mejor posible
las condiciones de temperatura, lo que supone que deben ser trasladadas
de una cámara a otra buscando así el mejor entorno para las larvas al
igual que cuando están en estado pupal. 
La
hormiga obrera cuando llega a edad adulta se encarga, en un primer
momento, del cuidado del resto y de la reina. Más adelante
llevará a cabo lo que será su tarea de por vida; cavar y contribuir a
elaborar el nido, además de ir en busca el alimento y defender su
colonia cuando sea necesario. Dentro de las hormigas obreras, se pueden
diferenciar tres tipos según las características físicas en función del
trabajo que deban realizar, por tanto existe una especialización. Por
ello las hormigas más grandes que poseen mandíbulas de mayor tamaño se
encargar de la defensa de la colonia. A través de
las feromonas las hormigas pueden establecer una comunicación que les
permite, por ejemplo, reclamar al resto de hormigas su
presencia ante un hallazgo de alimento. Gracias a estas
sustancias químicas que segregan las glándulas sexuales, pueden dejar
el rastro de la ruta que deban hacer saber a las demás. Existen
muchas clases de hormigas. La hormiga Argentina es un tipo de
hormiga invasora, que arrasa con todo lo que encuentra, afectando
negativamente al ecosistema y a otros insectos, arácnidos y demás
artrópodos. La hormiga de Fuego tiene su origen en Sudamérica y
es conocida por su dolorosa picadura. Se trata de una hormiga
carnívora y puede resultar peligrosa para aquellos que padezcan de
alergias.
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